Sunday, November 27, 2005

Regreso.

Primero que nada: Una disculpa por no escribir en tanto tiempo. He estado muy ocupada y no había atendido esto.

Segundo: A toda la gente que me ha dejado comentarios y/o felicitaciones: Muchas gracias. En serio me gusta que les guste lo que escribo. Y me gustaría poder dejar comentarios en sus páginas pero dispongo de muy poco tiempo para andar “dejando evidencia” de mi visita, pero tengo algunos blogs en mi lista de favoritos y siempre veo el blog de cualquier comentarista nuevo. Gracias por que ustedes sí se toman el tiempo de escribirme.

Tercero: Una de las razones por las que no había escrito nada fue porque mi “muso” y yo tuvimos (y tenemos) una muy mala racha. Yo soy de las personas que no creen en eso de “darse un tiempo” y se lo pedí. Tampoco creo en eso de terminar y volver. Luego terminamos. Y luego volvimos. Y cuando estábamos juntos yo prefería leer a besarlo o platicar y cuando estábamos separados yo lo llamaba o iba a buscarlo para obtener cariño y luego quedarnos a medias por el sentimiento de culpa. Fue un momento muy duro. Y lo sigue siendo, así que escribir acerca del sexo con Marco es difícil. Y escribir sobre el sexo en solitario tampoco era fácil porque cuando lo hacía me entraba la nostalgia de desear que fuera él quién me tocara.

Después de estas aclaraciones viene ya el post.

Marco y yo alguna vez hemos hablado acerca de tener sexo “en equipo”. Es decir: invitar a alguien a coger con nosotros. Y no hemos llegado a ningún acuerdo. El quiere hacerlo conmigo y otra mujer y yo quiero hacerlo con él y con otro hombre.

A ninguno de los dos nos parece atractivo ver el cuerpo desnudo de una persona de nuestro mismo sexo tan cerca. O incluso que nos toque. Yo respeto mucho las preferencias sexuales de las personas pero sentir unos senos pegados a los míos o tocar con mis manos lo mismo que toco cuando me masturbo… pues… no me excita.

Además de que creo que no disfrutaría. Soy muy, muy celosa. No podría con la imagen de que otra mujer está besando y cogiéndose a MI Marco. Aparte, lo convertiría en una competencia de ver quién hace disfrutar más a Marco y dudo que me yo sintiera rico.

Marco me ha dicho que él tampoco se anima por las mismas razones que yo le doy. No le gusta nada la idea de ver a otro tipo lamiéndome y metiéndome la verga así como tampoco el comparar cuerpos con él.

Respeto (y medio envidio) a quiénes sí pueden invitar a más gente a su cama. O incluso intercambiar parejas. Pero yo prefiero sólo ver el cuerpo desnudo y sudado de MI hombre y sentirlo a no saber quién me toco esa vez o me chupo aquella otra. Además de que odiaría ver su cara de placer mientras yo compito como desesperada por “ganarle” a la otra tipa que también lo está acariciando.

Friday, November 11, 2005

Inicios

Creo que me masturbo desde que tengo memoria. Recuerdo que de niña me gustaba arrastrarme por el suelo porque se sentía bien. Y lo he seguido haciendo desde entonces, a pesar de que un día me lo prohibieron y empecé a hacerlo a escondidas. Y así hasta ahora.

He descubierto formas más “glamourosas” o sexys de masturbación, pero son las comunes. Acostada, piernas abiertas y con las manos; sentada en la regadera y dejando que el agua caiga sobre mi sexo; de pie, frotándome con mis manos o contra algo, pero mi favorita es la que conozco desde chica.

Me gusta empezar acostada, boca arriba. Cuando ya me siento algo excitada. Y pues hago lo típico: acariciar mi cuello, bajar a los senos, tocar sobre la ropa, luego debajo de ella o quitarla y bajar una mano a mi sexo y que la otra siga en mis senos, cuello y abdomen.

Estimular mis senos es algo que me agrada mucho. Con las manos paro mis pezones y los pellizco hasta que duela y luego los chupo (sí, sí alcanzo). Sólo hasta que me siento muy caliente y mojada paso a dedear mi vagina. Pero a mí me gusta hacerlo acostada, boca abajo.

Cuando ya me mojé, paso un tubo que parece un consolador (me urge uno de esos juguetitos), lo mojo con mis fluidos y lo meto a mi vagina. Me dejo la ropa interior porque cuando me volteo, el tubito tiende a salirse.

Me volteo. Dejo que mis senos caigan y rocen la cama y me muevo adelante y atrás. Los pezones rozan las cobijas, mi clítoris se frota contra la cama y el “consolador” entra y sale de mi vagina. Al moverme hacia delante se sale y al hacerme hacia atrás vuelve a entrar. Todas esas sensaciones hacen que me caliente cada vez más hasta que el movimiento se vuelve casi frenético y termino por frotar mi clítoris al mismo tiempo (a veces) para tener mi orgasmo. Mordida de almohadas y arqueada de espalda de ley, claro.

Cuando me he masturbado frente a Marco ha sido yo boca arriba frotándome con las manos y metiendo mi tubito, no lo he hecho de la forma en que les acabo de describir. Creo que es una forma muy poco excitante para la vista. Él me ha pedido que lo haga de esa manera, dice que así se podría imaginar que él está debajo de mí y que además podría ver mis nalgas. La verdad creo que de esa manera él podría acercarse y cogerme en esa posición o hasta intentar la famosa “doble penetración” (que es muy rica, por cierto).

A mí me da vergüenza. Es una forma muy cómoda de masturbarme pero también me han dicho que lo cómodo no es sensual, así que me rehúso a hacerlo frente a Marco. Llevamos muy poco juntos como para que me vea hacer eso. Creo que es como si pasara de verme pintándome los labios a verme quitándome el bigote con pinzas.

Friday, November 04, 2005

Para que no te preocupes

Qué impresión me llevé cuando Marco me dijo: “mejor vamos a abrazarnos un ratito”.

Ese día me había puesto ropa interior sexy. Ropa fácilmente quitable y me había arreglado y perfumado toda. Todo estaba listo para una buena sesión de sexo. Ya teníamos una semana sin por lo menos un fajecito y ya estaba necesitada de “amor”.

Entonces, el que Marco saliera con esa respuesta a mis besos y arrumacos me sacó mucho de onda.

Lo abracé pero no dejé de pensar sobre qué estaría pasando. Desde que a lo mejor estaba cansado o que ya no le gustaba o tenía a otra. ¡Y el verlo dormido tan plácidamente me confundía aún más!

Luego se despertó, se levantó, despidió y se fue. Y yo me quedé tan desconcertada. Traté de calmarme pensando en que a lo mejor había tenido mucho trabajo y estaba cansado… pero una vocecita en mi cabeza me recordó que en esas ocasiones siempre acepta por lo menos una mamada. Y ESTA vez ya llevábamos una semana sin coger.

No soy una adicta al sexo. Simplemente me gusta mucho. Y puedo hacerlo. Así que quiero hacerlo cada que quiera y pueda antes de que pase algo que me impida disfrutar a gusto mi sexualidad.

Pero el que te rechacen es un golpe directo a tu ego… eso sin mencionar tu salud mental.

Como mujer siempre ando “viendo moros con tranchete” en todos lados. Trato de controlarme pero a veces es imposible. Trato de pensar que la del problema no soy yo, pero el que no me haya dicho nada sobre algún contratiempo o problema que tuviera me puso muy nerviosa.

Me deshice la cabeza en pensamientos fatalistas. “Ya no le gusto”; “tiene otra”; “Estoy gorda”; “Ya se aburrió”. Me puse muy paranoica.

Decidí hacer otro intento. Preparé una atmósfera adecuada. Quesito, vino y galletas, música, luz tenue y yo con esa batita que le gusta tanto. Me le acerqué y mientras besaba sus orejas le pregunté, con la voz más sexy que pude: “¿hoy también sólo nos abrazaremos?”. Afortunadamente me dijo que no y logré tener el sexo que tanto deseaba. Aunque lo noté algo distraído. El que se haya quedado dormido inmediatamente después de terminar y dejarme con ganas de más me puso histérica. Como quiera esperé al día siguiente y me dormí como pude.

Cuando me quiso despertar con besos y caricias para volver a coger sólo logró que explotara la bomba. Le hice todas las preguntas que me hice yo. Le dije que no entendía cómo es que de un tiempo acá sólo quisiera abrazarme o tener sexo “regular” si antes buscaba cada ocasión para tocarme y el sexo siempre, o casi siempre, era para dejarnos muy cansados y satisfechos. Terminé preguntándole, en el colmo de la histeria, que si tenía otra que mejor me dijera.

Y él, tan tranquilo que casi lo golpeo, me responde que tenía muchas presiones en el trabajo. Que se le ha cargado todo. Que tiene unas deudas atrasadas y está viendo cómo ponerse al corriente. Y que hasta a su carro le anda fallando no sé qué cosa. Obviamente yo pregunto que por qué no me dijo eso desde antes. Y su respuesta: “para no preocuparte, mi amor”.

¡Por Dios santo! No me dijo nada de eso y yo comiéndome la cabeza con otras cosas. Me PREOCUPÓ mucho.

No entiendo por qué los hombres (o por lo menos Marco) no dicen las cosas que les preocupan. Tampoco quiero que me convierta en su psicóloga, claro, pero saber qué le pasa y qué le preocupa para ver en qué puedo ayudarlo o por lo menos para saber que el problema no es conmigo me haría sentir mucho mejor.

Las mujeres tenemos fama (y bien ganada) de ser muy curiosas y andar queriendo atar cabos en dónde no hay nada qué atar. Así que hombres, por favor, un poquito de comunicación no estaría nada mal. Hasta podrían conseguir un rato de sexo en el que ustedes no tuvieran qué hacer nada y sólo recibir.